Otro Fanfiction en el tiempo de Impera y Set Back, el cual retrata una aventura de Dike y MM de Sparklings haciendo sufrir a Distress su víctima favorita.
Cortesía de Dantasía.
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L due menti veggenti
Todo fue muy bien durante el paso lento del ciclo matutino. Había, por primera vez en megaciclos de descuido, arreglado su habitación. Los cuadros digitales de imágenes estaban nuevamente colocados en las repisas superiores, los datapads de misiones, reportes e informes adornaban ordenadamente su escritorio ahora limpio, su cama ya no tenía un reguero encima y el suelo tenía forma otra vez. De hecho, nunca lo había visto tan grande y espacioso como ahora.
Decían los rumorosos vocalizadores por ahí; que los seekers eran transformers ordenados, elegantes y vanidosos. Distress estaba muy seguro de las últimas dos cualidades, pero de la primera… No tanto.
A veces Fallingstar lo regañaba porque compraba en las calles todo lo que le ofrecían. Puros artilugios contrabandeados de otros planetas que en ocasiones hasta se repetían en su colección. Gastaba su dinero en tonterías que se le perdían en el camino, en las batallas o simplemente se las robaban por olvidarlas en el lugar en el que se parara a hacer algo. Algunas de esas cosas incluso habían sido confiscadas por las molestas creaciones de su compañera… Pero no se podía poner a pelear con dos niños ¿o sí?
No. Bastante mal ya lo veía su líder de trina sólo porque los dos demonios miniatura lo buscaban a él para divertirse un rato. No es mi culpa, pensaba, ofendido, escuchando los reclamos y las sanciones del serio vocalizador de Fallingstar. Indignado, mientras era reprimido, siempre captaba de soslayo las risillas y los murmullos de Darkwar y Mindmaster, quienes no acaparaban la atención del seeker blanco debido a que, muy en su punto de vista, ellos no tenían culpa de nada; son niños, decía todo el tiempo, exonerándolos de sus crímenes.
En cambio Distress ya era un adulto, ya sabía cómo comportarse.
-Y a mi si me culpa –Bufó con desagrado, acercándose a la pared que le daba frente a la puerta.
Su mano roja se estiró hacia arriba, las junturas flexibles de sus pies se doblaron para ponerse de puntillas. En la repisa más alta de todas empujó una cajilla de color negro hasta que ésta chocó contra la pared y se trabó. Muy bien. No quería dejarla al alcance ni a la vista de nadie. Ahí tenía varias cosas que eran importantes para él y que no le apetecía perder.
Distress sacudió sus manos y se irguió con orgullo. Su habitación nuevamente lucía decente, ya no tenía que preocuparse por la suciedad ni por todo lo que le pudieran decir sus compañeros aéreos respecto a su desorden. La excusa de que no lo arreglaba porque la mayor parte del tiempo regresaba cansado de su servicio ya no surtía el mismo efecto. Además estaba comenzando a darle vergüenza, y eso ya no era aceptable.
Ahora…
Tenía un ciclo libre a su disposición. ¿Qué podía hacer en el primer ciclo libre que tenía después de vorns de trabajo ininterrumpido?
Alguien llamó a la puerta.
El sonido delgado del timbre mecánico le hizo voltear y perder la concentración. Debía de ser Reckoning, un rastreador que era otro secreto amante de los objetos alienígenas. Distress no hablaba mucho con ninguno de ellos, pero ese transformer en especial sabía de su afición a lo bizarro, por lo que en cuanto éste se enteró de que tiraría muchas cosas, no perdió la oportunidad de pedírselas.
-Tal vez puedo vendérselas –Murmuró, mirando las dos cajas que había puesto sobre su cama de recarga.
El seeker se dirigió a la puerta y pulsó un botón que estaba en el marco. Los dos paneles se separaron a ambos costados. Frente a él no había nadie. Se contrarió, ladeando la cabeza con intriga. Sus ópticos buscaron por el pasillo desierto, sin embargo, cuando miró hacia abajo…
-No puedo creerlo. –Retrocedió- Lárguense de aquí, hoy no quiero tener que ver sus molestas caras, enanos. –Gruñó de inmediato, intentando cerrar la puerta antes de que dos protoformas entraran corriendo a su habitación.
Su mala suerte siempre arreciaba ante ellos dos.
Sus reflejos fueron lentos y cuando los paneles volvieron a juntarse, los niños ya estaban dentro, parados en medio del limpio piso a sus espaldas.
Distress dio media vuelta, mirándolos con repruebo. ¿Por qué no lo respetaban igual que como respetaban a Fallingstar? ¿Qué tenía él de especial que parecía atraerlos como un maldito imán?
-Por Primus ¡Hoy es mi ciclo libre, monstruos! –Les reclamó, aspando los brazos con desespero- ¡Mi ciclo libre! –Reiteró con voz dramática- ¡Hoy no quiero hacer nada, no quiero cuidar a nadie ni ser castigado por nada! ¡Váyanse o llamaré a su creadora! –Señaló la puerta.
Los rostros de Mindmaster y Darkwar pusieron muecas similares a las de uno de esos demonios que Distress había visto en uno de tantos libros de cultura extranjera. De nuevo esas sonrisitas malvadas que fingían inocencia.
-Rayos, Distress, nos ofendes… -Dijo la protoforma púrpura.
Darkwar se cruzó de brazos.
-Y eso que veníamos a traerte buenas noticias –Comunicó con cierto ánimo.
El seeker bajó los brazos, mirándolos con precaución.
-¿Qué noticias?
-Oh ¿Arreglaste tu cuarto, verdad? Ahora si parece el cuartel personal de un seeker –Se rió Darkwar, incitando a su pequeño compañero a seguirle.- Ow, pero ya no tendremos donde escondernos cuando creadora quiera darnos mantenimiento.
Mindmaster sonrió al escucharlo, corriendo hacia la cama para escalarla con habilidad. De un momento a otro ya estaba arriba, echando un vistazo a lo que había en una de las cajas.
-Amigo, no te preocupes, en menos de tres ciclos la pocilga de Distress volverá a ser la pocilga que siempre usamos de fuerte –Se rió, sacando un contenedor transparente repleto de un líquido verde y burbujeante.- ¿Qué cosa es esto?
Los pasos y el gruñido del seeker los alertó a los dos. Mindmaster dejó el contenedor nuevamente en la caja y saltó al suelo segundos antes de que el transformer intentara atraparlo.
-¡No toquen mis cosas! –Volvió a gritarles, tomando unas tapas que estaban sobre una mesa, luego las puso sobre las cajas, cerrándolas con un chasquido- Ahora díganme las noticias que tenían que decirme y lárguense de mi habitación. Tengo cosas mejores qué hacer que soportarlos a ustedes.
Mindmaster recargó un brazo en el hombro de Darkwar. Una vez más la malicia exudaba de sus infantiles rostros.
-Estuvimos pensando, Distress… -Mindmaster fue el primero en hablar.- Creadora nos dijo que fuéramos imaginativos, creativos y novedosos para divertirnos diariamente…
-Pero sin dañar a nadie –Terció Darkwar, levantando una manita para enfatizar sus inocentes palabras- Y a veces eso es un problema porque no se pueden evitar los daños colaterales.
Por alguna razón siento que no me va a gustar lo que voy a escuchar, pensó el seeker, preventivamente sentado al borde de su cama. No les quitaba la mirada de encima. Y todos dicen que sólo son dos niños juguetones e inexpertos… ¡Pero los niños no se comportan así! Ellos son peores que un transformer adulto y desquiciado. ¡Y nadie me cree!
-Por eso mismo… -Sonrió el pequeño seeker púrpura- Para que nadie salga dañado hemos declarado que hoy vamos a pasar todo el ciclo contigo.
La noticia fue más fuerte de lo que esperaba, golpeó directo en sus procesadores neuronales después de haber entrado por sus perturbados audios. La respuesta por supuesto, no se hizo esperar:
-¿Qué? ¡No…! –Demandó, casi histérico, poniéndose de pie al instante.
-¡Si, será el ciclo de Distress! –Se rió Darkwar.- Y queremos estar contigo en tu ciclo.
-¡No digan estupideces! Yo no quiero ese ciclo. ¿Qué hay del daño que yo voy a sufrir por estar con ustedes? –Se defendió el seeker, caminando rumbo a la puerta, la cual no tardó en alcanzar.
Ahí su mano se alzó y apretó nuevamente el botón que abría la entrada.
-Vamos, largo –Les señaló el pasillo con la cabeza- Hoy no puedo estar con los dos. Que Impera me disculpe, pero ustedes no son míos y todo el mundo me trata como si lo fueran… ¿Qué están esperando? ¡Váyanse!
Obtuvo dos gestos de tristeza en vez de los deseados pasos saliendo, que era lo que más pedía escuchar. Mindmaster y Darkwar lo miraron, decepcionados. Primus, eran tan bien ensayadas sus facciones que por un momento Distress se vio a si mismo dudando…
-Te admiramos y es así como nos pagas. –Dijo Darkwar, molesto.
-Seh, malagradecido.
-Pero no importa, Mind. Fallingstar es mejor volador y estratega que Distress, siempre podemos admirarlo a él.
-Después de mi creadora.
-Obviamente.
¿Será verdad que me admiran…?
Distress suspiró, dejando caer los hombros al tiempo que los niños seguían murmurando. Estaba derrotado. También sabía que se iba a arrepentir por lo que estaba por hacer.
Ay no, no lo digas, por favor no lo digas, no te atrevas, se rogó a sí mismo.
-Bien, pueden estar conmigo. Pero sólo un ratito.
-¡Si! –Gritaron las dos protoformas al mismo tiempo, chocando sus puños entre ellos.
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Pasaron los breems con la misma monotonía de la rutinaria vida de un soldado en un ciclo libre. Distress no quería hacer nada. Había pensado en salir a volar, pero lo evitó. Afuera estarían entrenando, o estaría algún oficial superior dando una ronda. Y si lo veía a él volando por los patios de la base podían anotarlo para la siguiente misión en línea.
-Y no quiero trabajar hoy –Murmuró, sentado frente a la computadora de su escritorio.
Dos monitores holográficos y transparentes le bañaban el rostro con luz azul. Bajo sus dedos se desplazaba un etéreo teclado con botones, paneles y diversas pantallas pequeñas con distintas funciones. Había estado leyendo los últimos informes de la guerra, con la reciente batalla que el frente principal de ataque acababa de librar contra los autobots en la ciudad de Kalis.
Megatron había arrasado con todo. Los reportes decían que los muertos eran abundancia, los supervivientes esclavizados escasos, y la moral del ejército estaba por los cielos. Menos mal, pensó él, sonriendo. Megatron era un excelente comandante, las intenciones de conquistar Kalis eran para usar los reactores de fusión que allí había, como una zona de anclaje y batalla para extenderse por el universo. Y de esa manera triunfarían.
El seeker se estiró, luego se preocupó al instante. Se acababa de dar cuenta que no había ruido detrás de sus alas y que el silencio era tan profundo como lo era la maldad acechando en un campo de batalla. Lentamente giró el rostro. Ahí los encontró a los dos, parados en medio de la habitación, con sus bracitos cruzados y la vista clavada en él.
-Dijiste que ibas a durar un breem revisando esa tontería –Gruñó Mindmaster, mortalmente serio.
-Llevamos casi un joor esperándote –Secundó Darkwar.
Sin embargo, se vieron confundidos cuando el seeker les sonrió, poniéndose de pie. Desde luego que su moral también se había elevado al leer la noticia que ahora circulaba por todas las redes sociales del planeta aún intactas. Cada vez la guerra se veía más cercana a su final, y con Kalis bajo el yugo del imperio la victoria era casi segura.
-Ya terminé –Les dijo- Hey ¿Les parece si vamos afuera? Tengo ganas de salir.
Los niños asintieron y corrieron a toda prisa rumbo a la puerta.
-Ya estás hablando como todo un seeker –Se burló Mindmaster.- Me siento orgulloso de ti.
Darkwar se rió.
Distress en cambio los ignoró, tomando sus rifles de una de las repisas altas. Después de ponerlos en sus brazos abrió la puerta y salió detrás de los niños. Al final de cuentas estaba condenado a fungir de niñera cada que lo castigaban… qué más daba un rato mas con ellos.
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No midieron el tiempo ni las consecuencias. De un segundo a otro habían salido de la base.
Distress había seguido a los niños y a todas y cada una de sus inventivas. No era que le gustase estar con ellos, era que no tenía otra opción. Estaba condicionado a ser el transformer favorito de dos enanos insoportables, tenía que resignarse… Además de que a veces era entretenido, cuando no lo hacían enojar, por supuesto.
Ese ciclo era especial. No tenía nada qué hacer, y aunque tampoco se quejaba de su trabajo «el cual podría ser mejor si aún conservara su antiguo rango», no quería saber nada de labores de vigilancia, de patrullaje, de esquivar balazos de francotiradores o algo por el estilo. Los dos enanos le estaban ofreciendo una salida rápida de la inactividad, debía probarla.
No estaban muy lejos de los límites de la base. El camino lo escogieron al azar, pero Distress continuaba sabiendo dónde era que se encontraban. A unos cuantos kilómetros al frente estaba el antiguo centro de comercios de la desbaratada Tarn, por el momento andaban por sus fronteras, caminando entre las calles desvencijadas y abandonadas. Los radares y los programas de alerta del seeker estaban en silencio, sin prevenciones ni ruidosas alarmas que le indicaran peligro.
Era anti ético lo que hacía; No debía andar en una zona de guerra con dos niños que ni siquiera eran suyos.
Pero si no los traigo no me dejan en paz. Además son decepticons, su curiosidad y morbo hacia la destrucción es natural, se dijo, mirando a todos lados.
Escombros y ruinas, eso era lo único que podían apreciar sus ópticos rojos. En el panorama sólo había edificios destruidos, derrumbados, basura por todos lados, las calles taponadas con barricadas y una oscuridad infinita que se movía en sus propios caminos de misterio y tensión. Cada tantos metros tenían que brincar de un escombro a otro para evitar caer a los precipicios que se abrían debajo de las carreteras. Incluso el cielo se veía triste, entintado con un tono inusual de púrpura claro que ascendía desde el horizonte hasta convertirse en un matiz negro, plagado de estrellas.
Darkwar y Mindmaster brincaron la última piedra y cayeron grácilmente en la banqueta, bajo los cimientos agrietados de un edificio antaño bombardeado. Se voltearon y le empezaron a gritar al seeker para que los siguiera. Él lo hizo, alcanzándolos en menos tiempo del que les llevó a ellos llegar ahí, sin embargo, antes de dar el último salto, se quedó parado en la punta de un escombro, usando las varillas retorcidas como punto de apoyo.
-Eh… -Sus ojos subieron- ¿Qué les han dicho sobre primero inspeccionar por donde caminan y se mueven antes de dar el paso, tontos? –Les regañó.
Ellos dejaron de empujarse mutuamente y voltearon a ver arriba, dándose cuenta de lo mortíferas que lucían las grietas del techo que tapaba la banqueta. Cuando miraron a los lados también notaron el pobre estado en el que mantenían las columnas.
Darkwar de inmediato se regresó a la calle, deteniéndose bajo la piedra en la que estaba parado el seeker. Mindmaster se quedó con los brazos cruzados, mirándolos a ambos con desafío «no pasa nada» decía su mueca de superioridad, por lo que dio la vuelta y comenzó a caminar a lo largo de la banqueta, terco como para reconocer su error, lo suficiente orgulloso como para seguir las sutiles órdenes y reprimendas de un amable (hasta ese momento) Distress.
-Hey, enano ¿qué haces? Sal de ahí –Le siguió el seeker por fuera, bajando hasta la calle.- Quedarás más plano que una hoja de lámina si eso te cae encima.
-Ja, no pasa nada. Les demuestro que no todo el tiempo es factible tener miedo, niñitas –Contestó el socarrón vocalizador infantil.
La protoforma verde dudó, tal vez lo que decía su amigo era verdad y el seeker únicamente estaba siendo paranoico. Con pasos sigilosos, Darkwar comenzó a acercarse por detrás del transformer, sus intenciones eran alcanzar a su amigo. Sin embargo, Distress fue rápido y dio un giro sobre sus propulsores, atajando al pequeño por un brazo.
-Tú no te mueves de aquí –Espetó con seriedad, mirándolo directo a los ópticos.
Darkwar asintió sumisamente, recuperando su manita.
-Hey, deja que mi amigo se divierta –Reclamó Mindmaster al fondo, lanzando pequeños escombros que recogía del suelo.
-Es suficiente –Se molestó el seeker, cubriéndose el rostro con un brazo- ¡He dicho que es suficiente! ¡Sal de ahí en este mismo momento! ¡Volveremos a la base ahora! –Gritó, acercándose, no obstante, no subió a la banqueta. Únicamente se quedó mirando con rabia creciente al mocoso que retrocedía burlándose y brincando.
-Distress, Distress, ni siquiera puedes venir por mí, Distress –Le retó Mindmaster.
No creo que con Fallen hubieran hecho esto, se quejó el pensamiento del jet, dándose ánimo en el momento en el que volteó a ver el techo resquebrajado. ¡De hecho a Fallen ni lo molestan!
-Ya, yo voy por él –Anunció una vocecita detrás de sus alas.
-¡Dije que no!
Darkwar corrió, pasando a un lado de las piernas del seeker, quien se agachó en el mismo instante y alcanzó a tomarlo de uno de los paneles de sus alas. El niño se revolvió al sentirse lastimado, alterando la estabilidad de sus rotores. No eran muy fuertes los últimos atisbos de alambrado y amarres oxidados que mantenían de pie a las columnas. Con un empujón leve bastaba para que se desplomaran, y eso fue probado en el momento en el que la protoforma trastabilló, cayéndose de lado sobre la base roída de una de ellas. Distress abrió sus ópticos al límite, escuchando el tronido de una grieta que comenzó a crecer y a hacerse camino desde el suelo hasta las pobres uniones del techo.
Dos astrosegundos bastaron para que los pesados escombros del techo se cayeran en pedazos tras un requiebre ensordecedor que rugió como el chillido de un barco hundiéndose. A Mindmaster se le había borrado la sonrisa del rostro cuando miró lo que estaba por venirle encima. Sus pies retrocedieron cada vez más rápido, su cuerpo dio la vuelta e inició a correr. Se había metido en el tramo de la baqueta que estaba taponada a los costados por basura que la dejaba figurando de túnel. No tenía escapatoria. Él pensaba que corría con todas sus fuerzas, ya que los escombros caían cada vez más cerca de su cabeza. Y más tarde razonó que sus pies no estaban tocando el suelo y alguien lo llevaba cargando, ocultándolo entre sus brazos.
Sólo dos astrosegundos…
En dos astrosegundos sucedió el derrumbe que en la mente de Mindmaster pasó en cámara lenta y duró horas. No sabía si había sido su imaginación, pero por un instante sintió que estaba volando, y al siguiente el aterrizaje contra el suelo no había sido nada agradable, sobre todo por lo que le siguió después… Una siniestra oleada de silencio que llegó acompañada de polvo y pequeños pedazos de algo aún rodando hasta el suelo.
Mindmaster se puso de pie velozmente, sintiéndose intacto, de hecho, no lo dijo a voz plena, pero un alivio enorme llegó a su infantil mente, el cielo estrellado por sobre su cabeza era bienvenido una vez más por sus ópticos. Algunas partes de su cuerpo estaban raspadas, pero eso era todo, todavía funcionaba en óptimas condiciones.
-Demonios… -Escuchó que dijo la voz dolorida de alguien.
El pequeño corrió, devolviéndose a donde antes había estado la banqueta. Ahora había un nuevo derrumbe plagado de obstáculos, escombros y más basura. La avalancha se había extendido hasta el centro abierto de la intersección de cuatro enormes calles contorneadas por las sombras de edificios descomunales en sus esquinas; una avenida gigante en los tiempos de las eras doradas, hoy no más que otro lugar plagado de desorden. Los ojos de Mindmaster se acostumbraron al polvo, no se asustó al mirar una silueta oscura en el suelo, cuyos ópticos rojos brillaban entrecerrados.
Alguien brincó a su lado. El niño giró la cabeza para asegurarse de que era Darkwar, y sonrió cuando así lo hizo: Su amigo también estaba intacto y eso era una buena noticia.
¿Y qué pasó con el desastroso Distress? Le preguntó una de sus voces.
-No sé –Contestó él.
Darkwar lo ignoró y lo pasó de largo, acercándose hasta donde veían los ópticos rojos.
Distress estaba en el suelo, rodeado de peligrosos y afilados pliegues de metal apilado. Sostenía entre sus manos su pierna derecha y luchaba por querer sacarla de debajo de un enorme escombro. De la rodilla a la punta de su pie la mitad de abajo era invisible, completamente apachurrada por el peso de la carpeta de metal, los rotores y servos de su rodilla estaban doblados en un ángulo imposible, seguramente rotos. Lo miraron rasguñado y raspado en muchas partes de su cuerpo, un canalillo de energon venía de su pierna, le manchaba también las manos.
El seeker se cansó de luchar y se dejó caer de espaldas, tomando un superficial respiro en lo que se acostumbraba a asimilar el infernal dolor que haber sido aplastado le estaba causando. Allí, al inclinar la cabeza hacia atrás, su chispa descansó un poco, los dos monstruitos le miraban con consternación.
Aw, me enternecen, se preocupan por mí después de que me meten en este apuro, pensó irónicamente, volviéndose a sentar.
-¿Conocen el camino de regreso? –Inquirió con voz plana.
Ninguno de los dos le contestó.
-Les pregunté que si conocían el camino de regreso ¡Tienen que irse ya! –Los sacó de su estupor.
Ambos pegaron un brinco.
-No te vamos a dejar aquí –Darkwar fue el primero en hablar.
-No. Si me van a dejar ¿Creen que todo esto pasó en silencio? No tardaremos en estar abarrotados de patrullas autobots.
-No entiendes, Distress –Ahora fue Mindmaster el que habló- Nosotros no dejamos atrás a nadie. Te vamos a ayudar… Que torpe eres.
Las dos protoformas se acercaron hasta el escombro que aprisionaba al seeker. Juntos, comenzaron a empujar hacia arriba. Distress sonrió, sacudiendo la cabeza.
-Je… no sean ingenuos. Ni siquiera yo podría levantarla. Mejor váyanse, niños. Si fueran míos los haría que se quedaran a la fuerza, pero Impera no merece perderlos.
De nuevo llegó el silencio como única respuesta. Darkwar y Mindmaster no cesaron sus esfuerzos por querer alzar la carpeta. A veces rozaban o empujaban la pierna del seeker con sus propios pies y eso lo hacía quejarse con los dientes apretados, maldiciendo desde un inicio el haber aceptado ese maldito ciclo libre… y había empezado tan bien.
-No podemos –Murmuró Darkwar, afligido, deslizándose hasta el suelo para quedar sentado.
Distress volvió a inclinarse al frente después de haberse acostado a causa del dolor.
-Yo sé que no. Ya me comuniqué con mi escuadra. Vienen en camino…-Les mintió para tranquilizarlos.
Por supuesto que no molestaría a sus compañeros a menos que no fuera estrictamente (muy estrictamente) necesario.
-Pues entonces nos quedamos a esperar a mi creadora –Le interrumpió Mindmaster, cruzándose de brazos.
-¡QUE NO! –Rugió el exaspero del seeker- ¿No entienden lo que está pasando? ¡Lárguense ya! Yo tengo mis armas, no me va a pasar nada.
Esa era una maldita verdad que los niños se estaban negando a aceptar. No querían dejarlo porque sentían que ellos eran los culpables de que eso hubiera pasado, aparte de que Distress no supo cuidarlos como se debía. Se notaba que el seeker se estaba conteniendo de dejar fluir toda una horda de insultos, alaridos y quejas por lo que le estaba pasando. Darkwar y Mindmaster no sabían cómo ayudarle. Lo veían atrapado y el vértigo crecía en sus pequeñas chispas. La pierna roja se veía comprimida, donde antes había un propulsor ahora había metal aplastado y fusionado contra el borde filoso de otro escombro que estaba haciéndole una dolorosa palanca a Distress.
De repente algo hizo que el seeker se congelara. Tomó a ambos niños de un brazo y sin decirles lo que estaba pasando los ayudó a subirse a los escombros que le quedaban a la izquierda.
-Escóndanse, oculten sus firmas y sus señales de calor. Busquen refugio ya. –Les instruyó entre murmullos.
Darkwar iba a objetar, pero escuchó la voz gruesa de alguien al fondo y agachó la cabeza de la misma forma en la que su compañero lo hizo.
-¿Qué esperan? No me están dejando, se están escondiendo hasta que tengamos un mejor plan. Es todo, eso pasa en una batalla –Les gruñó el seeker entre dientes.
Ellos asintieron y se echaron a correr, deslizándose cuesta abajo en la pequeña montaña de chatarra.
El seeker suspiró, dejando escapar una enorme cantidad de aire compreso de sus escapes. Sus manos volvieron a sostener su muslo derecho, jalándolo con fuerza mientras con su otro pie también hacía presión de empuje hacia atrás. Con los ópticos cerrados y la mandíbula apretada fue la única forma en la que no empezó a gritar.
Ya era demasiado tarde para intentar algo…
-Miren lo que tenemos aquí… -Empezó a decir alguien tras su espalda.
De inmediato encendió sus rifles y giró el torso para apuntar y disparar. El primer rayo de plasma pasó limpiamente por la frente del alto transformer de visor azul que llegó a sorprenderlo, y salió por detrás de su nuca, sacando a su paso una cascada de circuitos y energon que se roció en el suelo y en los escombros. El cuerpo lapso cayó después, retumbando en el retornante silencio.
Distress tomó de nuevo su pierna entre sus manos y jaloneó ahora con más fuerza, desesperado, escuchando los gritos y las órdenes de los autobots. Los veía moverse en su radar, sabía dónde estaba cada uno de ellos pero no podía atacarlos porque ni siquiera podía levantarse. Su pierna dolía horriblemente, le hallaba forma a lo poco que había quedado de su pie, sólo veía que su metal se perdía desfigurado, encajado muy al fondo del propio metal de la carpeta que le aplastaba. Ni mencionar el agarrotamiento de sensores y servos que crujían en su rodilla cada que la jaloneaba.
-Soundream, Battle drums, ustedes cúbranme. Iré por Nighthit. –Llegaban los gritos hasta sus audios.
-Cobertura en el ala izquierda completa.
-¿Cuántos son?
El escombro que aprisionaba al seeker se movió un poco, deslizándose primero a un lado y después al otro para reacomodare en las comisuras del suelo. Distress no pudo evitar pegar un grito, acallándose después, cuando se inclinó al frente para controlar los espasmos que venían desde su despedazada pierna. Su pobre extremidad era como un palillo intentando sostener una roca.
-Creo que es sólo uno…
-¿Lo oyeron? Debe estar herido. Nighthit lo atacó -Murmuraron por ahí.
-Ahora si estoy en problemas. –Susurró él, abriendo un enlace directo a los comunicadores de sus dos compañeros aéreos.
-¡Está abriendo un canal de comunicación, deténganlo!
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Ahora tenía recuerdos difusos, pero muy recientes en su confundido procesador
Lo habían sometido muy rápido. Apenas lo habían mirado herido y atrapado, se habían acercado, sin importarles que continuara disparándoles. Uno de esos miserables había brincado en el escombro que aplastaba su pierna y sólo eso bastó para romper su concentración… El resto, a partir de ese momento, era lógico e incuestionable.
Con unas esposas le habían atado las manos, juntándole las muñecas. Uno de los brutos autobots quiso amarrarlas detrás de su espalda, pero salió otro en su ayuda y argumentó su indefensión, haciendo que le dejaran las manos al frente. Gracias a Primus lo habían hecho así, de lo contrario no se hubiera podido recostar después de aquello siguiente que le hicieron.
-¿Qué estás mirando, asqueroso pedazo de chatarra? -Le había dicho la voz ruda de ese transformer azul con amarillo. “Dije que qué es lo que estás mirando” le insistió
Ahora recordaba que su respuesta no había sido muy sutil, ya que el ridículo autobot se había acercado, con un afilado cuchillo sacado de uno de sus antebrazos.
Distress no bajó la cabeza ni la mirada en ningún momento, mucho menos se alejó. Se quedó sentado con la espalda erguida, viendo como su enemigo se acercaba. Segundos después… ya no pudo mirar nada.
Manos rudas le atraparon la cabeza. Gritando y retorciéndose por el dolor, había sentido lentamente cómo fue que le tronaron el cristal de sus ópticos con la punta filosa del arma y le arrancaron los lentes y los proyectores del láser que conformaban su visión. El energon brotó hasta sus audios, bañó todo su rostro y su cabina.
E… Estaba ciego… ¡Lo habían cegado!
-Eso te bastará por lo que le hiciste a Nighthit, alimaña voladora
Tuvo que haber entrado en modo de suspensión temporal después de eso.
Desafortunadamente los autobots lo querían vivo por los datos, las noticias, los secretos y los avances que tenía en su procesador; toda la información útil de la base decepticon en la que habitaba. Los escuchó hablar antes de que lo dejaran ciego y lo que dijeron entre ellos no sonó muy prometedor. Sin embargo, aún le quedaba la esperanza de haber sido escuchado por sus compañeros «en lo poco que duró el enlace» y que éstos llegaran mucho antes que los autobots pensaran una manera de sacarlo de ahí para transportarlo…
Y los niños…
Primus, los enanos… ¿Dónde estarán?
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Se sentó de golpe, sintiendo con desagrado el energon que escurrió por su rostro desde sus cuencas vacías. No sabía si le dolía más su pierna o la cabeza entera. Intentó encender sus radares para localizar algún vago intento de las firmas de los enanos, pero le contestó una estática abrumadora que hizo interferencia en sus conectores internos. Sus programas estaban deshabilitados…
Las esposas no le quitaban energía pero si descomponían sus fuentes de funcionamiento interno, además de sus comunicadores. Puras alarmas le atosigaban el dañado campo de análisis.
No hay radares, sonares ni ningún programa activo, estoy ciego y mis compañeros no sabrán donde localizarme, pensó, molesto. ¿Por qué no me quedé en mis cuarteles personales jugando alguna idiotez en mi estación?
Es que salir a lucirse con los pequeños demonios también había sonado agradable. Sólo se iban a divertir. En ningún momento cayó dentro de sus planes el convertirse en prisionero de guerra ni mucho menos quedar aplastado por un escombro gigante. Cuando tuviera a Mindmaster en sus manos…
-Hey… Distress… –Un murmullo llegó a sus audios.
Él volteó al frente, luego a su lado derecho, pero la misma vocecita se rió y le indicó que hablaba desde el otro costado.
-Les dije que se fueran –Contestó, mas enfadado que antes, volteando al lugar correcto.
Los pasos de uno de los autobots que le hacía custodia al seeker repicaron más fuerte contra el piso. Darkwar se agachó y se ocultó a favor de la pequeña barricada de escombros. Desde ahí siguió hablando.
-Hicimos un plan –Susurró- Mindmaster miró dónde ocultaron tus armas y fue a recuperar una.
-Ay no, ese enano problemático –Murmuró el seeker- Aborten de inmediato y márchense. Darkwar, esto no es un juego.
Si al menos fueran unos tres metros más altos…
El niño lo ignoró.
-Y yo te voy a quitar las esposas. No es muy difícil. En algún momento ese tonto autobot tiene que distraerse, cuando lo haga bajaré, te liberaré y tú esperarás a que te saquen el pie de ahí. Fingirás seguir atado, claro. Después todo depende de ti ¿eh?
-Claro –Dijo Distress. Como si todo fuera tan fácil- Ten cuidado, enano.
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El autobot nunca distrajo su atención. Simplemente sus programas internos no le databan otra presencia ajena a la del seeker. No perdió compostura, pero era aburrido pasarse la mayor parte del tiempo mirando directamente a un transformer atrapado y ciego. No aprobaba la manera en la que el decepticon había disparado contra Nighthit, así como tampoco aprobaba lo que su otro compañero había hecho para vengarse. Creyó escuchar que el seeker se agarró hablando solo, pero no lo culpó, el dolor debía tenerlo delirando. Por lo que no le dio importancia.
Darkwar aprovechó la pasividad del vigilante que les daba la espalda. Se deslizó en silencio, cuidando de no desbalagar ningún trocito de escombro. Al llegar al suelo se ocultó en el regazo del seeker y echó una nueva mirada por sobre el costado de Distress; El autobot seguía mirando para otro lado. Su pequeña cabeza se alzó, y sus ojos miraron con aprensión los hoyos vacíos en el rostro del seeker.
Distress intuyó lo que estaba pasando.
-Deja de mirarme y apúrate, enano –Le ordenó en voz baja, levantando sus manos.
La protoforma asintió y empezó a trabajar en el mecanismo de las esposas. Ocultaba a la perfección su pequeño cuerpo frente al del seeker, cuyas alas también eran una ayuda gigantesca.
No tardaron mucho. De inmediato los cierres magnéticos de las esposas cedieron. Sin embargo Distress no se las quitó de las manos. Empujó a Darkwar para instarlo a que volviera a subir y a ocultarse detrás de la barricada, y él se dedicó a esperar. El plan de los niños no era tan malo, siempre y cuando realmente pasara como ellos habían deducido. Le era exasperante no poder mirar nada, sólo unos cuantos programas se habían reactivado en su interior, los cuales apagó deprisa para que no lo detectaran. La incertidumbre lo estaba desquiciando, sabía de la ubicación de Darkwar, no obstante Mindmaster seguía sin dar señales de vida.
En el silencio que le tenía cautivo escuchó los pasos de dos transformers acercándose. Distress se quedó quieto, sentado y con el rostro al frente. Se aproximaban detrás de sus alas, murmurando entre ellos. Él ladeó un poco la cabeza, y el instinto por intentar mirarlos se disipó en cuanto recordó que no podía hacerlo.
-Yo lo agarro del torso, tú levantas el escombro. –Dijo uno de los dos, la misma voz que había impedido que lo esposaran por la espalda.- Hazlo con cuidado.
-¿No podemos sólo mocharle la pierna? Sería más fácil –Gruñó el otro.
-Yo te voy a mochar algo más que una pierna si te atreves a ponerme otra mano encima, sucio autobot –Contestó el seeker.
-Ja, quisiera ver que lo intentaras, basura decepticon. También puedo arrancarte el vocalizador si sigues hablando.
-Silencio los dos –Les ordenó el otro autobot, pasando las manos los costados del seeker, entre sus alas y su armadura.- Tenemos que llevarlo intacto al cuartel.
-¡Hey, no me toques!
-Redfire, hazlo ahora.
¿No podemos primero contar hasta tres?
El transformer azul con amarillo encajó los dedos debajo del escombro, al mismo tiempo lo levantó con una descomunal fuerza proyectándose de los servos de sus brazos. Un chasquido húmedo tronó cuando el metal se separó del suelo, sucedido por un incontenible grito del vocalizador de Distress, quien fue jalado hacia atrás en cuanto su pie «o lo que quedaba de él» se vio liberado. Nadie se perturbó por su alarido de dolor. Sin embargo, todos se levantaron y corrieron a sus puestos, en el segundo exacto en el que la voz del seeker se apagó, un eco horrísono de turbinas le secundó a romper la calma, rugiendo desde el aire.
El autobot dejó al aturdido seeker en el suelo y se irguió, mirando los cielos oscuros, su compañero tiró el escombro y también levantó la cabeza. Las órdenes a algunos cuantos francotiradores mancillaron la noche junto al estruendo aéreo. Por el breve lapso de tiempo en el que el localizador de Distress se activo sus compañeros lo habían podido ubicar.
Entre la conmoción y el caos, una transferencia activó el comunicador del seeker, quien sonrió con inocencia pese al suplicio, imaginándose que tenía los rostros de los autobots fijos en él. Dentro de su canal, la voz seria de Fallingstar llegó como una bendición para sus audios.
-¡Distress! –Luego escuchó que le gritaron por fuera.
Algo, como una especie de tubo, rodó por la barricada que estaba a su lado y aterrizó en el piso, a centímetros de su pierna izquierda. Él no perdió tiempo en averiguar qué era, rompió las ataduras falsas de sus manos y agarró lo que le habían aventado. Lo hizo de manera rápida, en menos tiempo del que les tomó a sus enemigos procesar lo que estaba pasando.
Usando su velocidad natural, Distress aspó el rifle con una mano y golpeó el costado del autobot que le había cargado. Cuando el transformer gritó por la sorpresa, se quedó mudo después al mirar como el seeker acomodó el arma entre sus brazos y soltó tres disparos en contra de Redfire. El autobot no pudo alzar su pistola ni ayudar a su compañero, de la misma manera en la que acababan de matar a su amigo le dispararon a él en el pecho. Se derrumbó primero de rodillas, pensando como advertencia final que pagaba el precio de haber tomado como juego a un enemigo, en especial a un seeker.
Los cuerpos de los autobots cayeron al suelo, lánguidos y sin vida, con torrentes de energon bañando sus pechos y sus brazos. Distress contó dos mísiles que explotaron muy cerca de donde ahora intentaba ponerse de pie. Una lluvia de disparos se desató, llegaban desde el cielo y se elevaban desde el piso. Sólo eran dos seekers los que peleaban, él sabía que eran sus compañeros, ya había hablado con ellos. Con pena tuvo que decirle a Impera que sus creaciones lo habían acompañado, no obstante lo primero que agregó para justificar su error fue que ellos estaban a salvo y en óptimas condiciones.
Unas manitas se recargaron en el hombro izquierdo del seeker. Como no podía caminar se había apoyado de la pequeña muralla de escombros que tenía a un lado. Llevaba la pierna derecha levantada, sin apoyarla en ningún momento contra el suelo. Sentía el calor del fuego creciendo por todos lados, oía gritos de dolor, maldiciones y las mismas órdenes de siempre, llegando de forma histérica a sus audios. Las balas y los láseres no cesaban el agresivo intercambio.
-Distress, rápido, por aquí –Arreció la voz de Mindmaster.
Hey, el pequeño fenómeno está bien, celebró el seeker.
Asintió, apoyó sus manos en una viga que le llegaba a la cintura y se impulsó hacia arriba, sentándose. Ahí giró el cuerpo y se pasó al otro lado. Apretó los dientes cuando su punto de apoyo se venció y lo hizo resbalarse hasta el suelo, llevándose incluso a su paso a los dos niños, quienes gritaron de susto. Mindmaster y Darkwar se pusieron de pie al mismo tiempo y se rieron, acercándose de nuevo al seeker.
-Quédense conmigo –Les indicó él, sin poder ocultar el temblor de su voz mientras movía erráticamente las manos a los costados en busca de algo en qué apoyarse.
Cuando encontró el sólido cuadro de un marco de puerta oxidado como punto para ejercer fuerza, se puso de pie una vez más. No tuvo otra opción que apoyar su pie contra el suelo, lo que llevó a precipitarse de rodillas en cuanto lo hizo.
-Maldición –Murmuró para sí mismo, tanteando el suelo con las manos, únicamente sentía los contornos de pedazos de basura y oxido.
Aproximación enemiga.
Levantó su rifle y disparó en contra del punto que se acercaba en su radar, fallando inevitablemente.
-¡Un poco más a la derecha! –Gritó Darkwar a su lado, moviéndole el brazo.- ¡Ahí!
Distress volvió a disparar, acertando en el hombro de un autobot. El transformer cayó al suelo y se marchó a buscar escondite, caminando agachado.
-Hey, encontré algo que te puede ayudar. –Intercedió Mindmaster, poniéndole algo en la mano.
El Jet se paró con la ayuda de la varilla que le acababan de dar, usándola en su mano derecha para que reemplazara el apoyo de su pie inservible.
Dos aviones pasaron por encima de sus cabezas, con sus turbinas y sus motores rugiendo. Los alerones se mecieron de arriba abajo, los rifles dispararon consecutivamente. Distress pensó en volar en su modo alterno, pero estaba demasiado lastimado de su pierna como para que la transformación se llevara a cabo sin problemas. Las piezas podrían trabarse, añadiendo a la desgracia el hecho de que su propulsor estaba inservible.
Junto a los niños se movió por la calle, ocasionalmente disparando cada que un autobot aparecía en el campo de su radar. Mindmaster y Darkwar le ayudaban a calcular la trayectoria, eran sus ojos y en ocasiones se convertían en su mente. El suelo estaba lleno de escombros y pedazos gigantes de metal retorcido que no pocas veces le hicieron tropezar, tragándose el dolor cada que volvía a levantarse. Se guiaba por lo que le decían sus pequeños acompañantes, y muy pronto aprendió a seguirles el ritmo y a anticipar los obstáculos antes de caer sobre ellos.
Ya habían doblado en la primera esquina que les apareció en frente. Entraron en un callejón oscuro y abarrotado de contenedores vacíos que estaban volcados y parecían haber sido usados como trincheras. Por alguna razón el silencio era inquietante. Los disparos de los otros dos seekers habían dejado de escucharse, sus turbinas dejaron de resonar en el cielo y el silbido de sus alas cortando el aire era nuevamente un recuerdo en la novedosa parsimonia reinante.
Distress recargó la espalda en la pared de uno de los edificios, cansado de tener que ir con la pierna arriba y con su deformado pie colgante. Tenía rato escuchando la discusión de las protoformas, quienes estaban peleando por decidirse entre regresar a la zona de guerra y verificar que los otros dos seekers siguieran aún en línea o seguir huyendo. La sorpresiva desaparición de Impera los tenía inquietos. Mindmaster empujó a Darkwar, haciéndolo caer dentro de uno de los contenedores. La protoforma verde le insultó y salió más tarde, preparado para contestar la agresión y patear a su amigo en las piernas.
-¡Hey, los dos, deténganse! –Los amonestó el seeker, ellos lo ignoraron- Dije que se detuvieran, enanos ¡háganme caso, demonios! –Aspó las manos al frente, queriendo alcanzarlos sin saber realmente dónde estaba cada uno.
Los niños se separaron, echándose miradas retadoras entre ellos.
-Nadie va a ir a ver nada. Impera y Fallingstar están bien. Ahora todo está en silencio porque ellos ya se encargaron de los malditos autobots –Los tranquilizó.
Y si un seeker ciego y sin pierna sigue vivo, ellos lo están con mayor razón, se dijo.
-Ahora vámonos.
Se impulsó al frente, recargando su peso en la varilla que usaba de improvisada muleta. Dio unos tres pasos, con su otra mano siempre estirada al frente para evitar chocar con algo. Extrañamente su telemetría no le estaba avisando con precisión la cercanía o la longitud de los obstáculos.
En cuanto lo hizo, escuchó de soslayo que alguien se detuvo en la entrada del callejón y alzó algo, muy parecido al tronido de un arma al cargarse. Distress se alertó al oír los quejidos de susto y sorpresa que hicieron los niños. Pero era demasiado tarde como para darse la vuelta y disparar. Su radar nunca le había informado de nada… ¿Estaba fallando?
Un disparo rozó su ala derecha, tan rápido pasó la bala que instintivamente lo hizo encogerse, esperando la siguiente que seguramente si acertaría. Lo raro fue que el fuego provino de enfrente, del fondo del callejón. El posterior estrellamiento de un cuerpo le hizo saber que el enemigo, fuese quien fuese, acababa de ser contenido y ya no representaba una amenaza. ¿Quién le había ayudado?
Mindmaster se echó a reír y corrió, contento, pasando a un lado de las piernas inmóviles de Distress. Darkwar no tardó en seguirle, también festejando y sonriendo. El seeker no sabía lo que estaba pasando, su chispa pulsaba confundida dentro de su pecho. La varilla estaba bien apretada en su mano derecha. Sólo llegaba a su radar las signaturas de los dos pequeños, quienes corrieron al fondo del callejón y ahí se quedaron.
-Hey, no es tiempo para que jueguen, tenemos que irnos… Vengan aquí. –Masculló, meciendo la mano al frente al tiempo que dio varios pasos. Chocó contra un contenedor y pronto le dio la vuelta, sosteniéndose de él- ¡Vengan aquí!
-Cálmate, Distress. –Dijo la voz de alguien al fondo.- Están a salvo… los tres.
Distress sonrió, sintiendo una tonelada de presión difuminarse de sus hombros en ese momento. Quiso soltarse a caminar como si no estuviera herido, sin embargo, su pie derecho al tocar el suelo le rememoró el porqué usaba una varilla como muleta. Fallingstar tuvo que atraparlo antes de que cayera. El seeker blanco actuó rápido, como sus reflejos intactos se lo permitieron.
-Hey, que bueno verlos –Celebró Distress- Bueno… es un decir –Levantó el rostro, mofándose de su propia situación.- Supongo que Impera está aquí. –Pareció dudar.
Fallingstar negó con la cabeza, dando a conocer que reprobaba su comportamiento. Sin embargo, cuando miró el rostro del seeker mas joven de su escuadra decidió que por ese ciclo, sólo por ese momento, no le diría nada. Los ópticos de Distress simplemente… no estaban, reemplazados por pedacitos de vidrio roto y dos hoyos difusos repletos de energon aún fresco. El jet blanco dejó escapar un suspiro silencioso, pasó el brazo derecho de su subordinado por detrás de sus hombros y le ayudó a caminar.
Desde el fondo del pasillo Fallingstar había visto el estado de la pierna herida de su compañero, y a todo lo que le había hallado forma había sido a un amasijo de metal, cables, alambres y circuitos colgando hechos bola, atascados en energon gelatinizado. El pie no existía y la rodilla estaba notoriamente rota, con los servos tronados como si los hubieran reventado a presión. No obstante, Distress se veía tranquilo, de hecho, aunque se quejaba, se miraba que el dolor le era menos importante en ese momento que lo que le pudo ser cuando anduvo solo y con los niños a su cargo. Era una de dos opciones: o Distress era un muy bien actor y se estaba aguantando, o realmente sabía cómo controlarse y manejarse delante de una crucial situación como la que acababa de enfrentar.
A pesar de todo, Fallingstar no se sorprendió. Distress era un torbellino desastroso, siempre plagado de energía, hiperactividad e ideas bizarras, pero era también un excelente soldado, un joven muy inteligente y, lo que era mejor de todo; era alguien que no cedía ante el pánico. Y el jet blanco hubiera reforzado mucho más esa teoría si en ese momento se hubiera enterado de que su compañero aéreo pasó dos joor enteros con la pierna bajo un escombro y con las heridas latentes de sus ópticos apuñalados sin ceder ante ningún tipo de histeria que le sacara de sus cabales. Distress se vio mas estresado por cuidar de los niños que por velar por su propio bienestar.
Fallingstar se sentía orgulloso de ser líder de una trina como la suya.
-Si, Impera está al fondo. Tiene un castigo especial para ti por haberte escapado con sus creaciones.
-¿Qué? –Distress dio un mal paso y trastabilló- Auch… Hey, no es justo. ¡Ellos me siguieron!
-¡No es cierto! –Se escuchó el reclamo de una voz infantil al fondo.
Distress se revolvió, indignado. Levantó una mano para apuntar, aunque primero se golpeó los dedos con otro contenedor volcado que tenía al frente y que Fallingstar estaba por ayudarle a evadir.
-¡No mientas, Mindmaster, ustedes me siguieron!
Fallingstar volvió a negar con la cabeza, tenían tres niños con ellos, no dos.
-Por eso también serán castigados –Les calló la seria voz de la fembot.
Los niños empezaron a renegar. Distress se resignó, como todo el tiempo hacía.
¿Cómo que “también”? Ahhh, no es justo…
-Ehm… ¿Qué pasó con los autobots?
-Neutralizados –Atajó Fallingstar- Era una tropa de catorce inofensivas unidades de exploración, te encargaste de tres, nosotros de las restantes.
Distress sonrió con una mueca de autosuficiencia. Llegaron frente a Impera y sus creaciones.
-¿Qué puedo decir? Soy excelente. Y no fueron sólo tres, también herí a otros cuatro en el camino.
Un silencio de cinco segundos se posó sobre todos.
-¿Qué vamos a hacer contigo, Distress? –Murmuró Impera, tomando las manitas de los niños entre las suyas, después comenzó a caminar con ellos.
Seguía habiendo peligro en las calles. El peligro acechante de la guerra, de los ópticos que espiaban desde la oscuridad con sus rifles de francotirador o de asalto. Autobots o decepticons, ambos vivían en medio del mismo caos. Siempre era lo mismo: Un ciclo de diversión terminaba transformándose en un infierno lleno de destrucción, gritos y sangre. Nuevas vidas eran creadas, a si mismo destruidas.
Los seekers no se preocuparon. Se marcharon a paso lento. Impera cuidando del frente, Fallingstar atento a lo que vivía en las calles detrás de ellos. Nadie había agregado nada a la conversación muerta. Distress se preocupaba más por ignorar el dolor que le hacía punzar su cabeza y las uniones de su pierna.
Sin embargo, no olvidaría la valentía y el ímpetu que los niños habían demostrado ese día.
“No dejamos atrás a nadie” Le dijeron. No sabía si catalogarlo como un acto muy noble de parte de ellos o un pensamiento muy estúpido. Pudieron haber muerto y no parecía importarles. Estuvieron con él a pesar de que les explicó que era muerte segura quedarse. Ni Mindmaster, mucho menos Darkwar, quisieron dejarlo.
Por eso todavía estás vivo, reconoció, cada vez recargándose mas en Fallingstar, de repente se sentía muy cansado. Serán buenos seekers cuando crezcan. Los compañeros aéreos jamás se abandonan, y ellos ya lo comprenden muy bien… Aunque no creo que sean mejores que yo, sonrió, atendiendo a las alarmas que pitaban en su procesador.
-Fallen –Murmuró, minutos después de analizar las exigencias de sus sistemas.
-¿Eh?
-Estamos cerca de la base ¿verdad?
-A dos kilómetros de los límites, así es. Aquí las patrullas decepticon son las predominantes.
Distress asintió.
-Que bien… porque… creo que voy a entrar en éxtasis. –Se rió bajamente.
El seeker blanco alcanzó a sostenerlo del torso antes de que todo tipo de funcionamiento se erradicara de su cuerpo. Era gracioso pensar, a pesar de todo, que incluso para quedar inconsciente el seeker tenía su propio estilo. Fallingstar tuvo que cargarlo, no muy conforme con tener que hacerlo.
Desde luego que iba a sancionarlo…
¿Qué no podían tener un ciclo libre medianamente normal?
Parecía que muchos no entendían el significado de semejante bendición en medio de una guerra. Y Distress, haciéndole reseña a su nombre, era uno de esos muchos inadaptados que no lograban dilucidarlo.
Fallingstar suspiró. El único consuelo que le quedaba era que a veces las cosas no eran tan malas… De menos su escuadra seguía completa.
Fin.